Comentario
en torno al parágrafo 7c de Ser y tiempo
de
Martin Heidegger.
Heidegger
hace ontología. Ontología es fenomenología. Fenómeno es lo que se muestra por
sí mismo. Ontología es el logos del ontos, el logos del ser. Logos es permitir
ver.
En tanto que se pregunta por el ser,
Heidegger está inscrito en la tradición metafísica. Pero no sólo por eso.
Podríamos preguntar ¿de qué se podría ocupar la metafísica si no es del ser?
Así como para la tradición, también para Heidegger el ser no es una evidencia;
es problema en un doble sentido: porque no se le puede definir, y porque tiene
que ser des-ocultado. Es necesaria, pues, una gramática diferente a la “lógica
del ente”. De otro modo, no se preocuparía por establecer que la pregunta
fundamental es aquella que interroga por el sentido del ser.
No toda pregunta interroga. Hay
preguntas que ya tienen en sí la respuesta: tienen un objeto determinado. La
pregunta por el ser no: digamos que se deja abierto (se deja ser) aquello por
lo que se pregunta; por ello es una interrogante. Por otro lado, sin embargo,
toda pregunta tiene una dirección, misma que le viene de lo buscado. Por eso,
por cierto, dice Heidegger que es necesario “dirigir la vista”. ¿Hacia
dónde?
Esta pregunta conduce a otra: ¿por
qué ha de ser la experiencia inmediata devaluada?
Y devaluada en dos sentidos: no darle “crédito ontológico” y tener que hacerla
a un lado, ponerla entre paréntesis, suspenderla. La pre-comprensión en todo
caso es aparente; la cotidianidad es aparente; la inter-comunicación (el
ser-con) es aparente. La
fenomenología es el método que permite “arrancarle” el ser a los entes, es una experiencia (por ello habría que
preguntar si el fenomenológico es un método entendido en sentido tradicional)
que posibilita “quitar el velo” de lo familiar para mostrar el mundo como realmente es: in-hóspito (Un-heimlich).
Lo
que persigue Heidegger es des-fondar esta creencia milenaria de que, por
necesidad, detrás del cambio, de lo puramente temporal, debe haber algo
in-temporal, eterno. La confrontación con Aristóteles (obviamente no sólo con
él) es patente. Digámoslo de otro modo: Heidegger persigue quitar suelo a la aparente seguridad que gana el hombre
(tanto el común como el científico) con la creencia (acaso conciencia) de que
todo tiene un qué y un por qué último. Frente a esto, la tesis de Silesius: “La
rosa no tiene por qué, florece porque florece, no se presta atención a sí misma,
no pregunta si la ven.” (Ojo con la “mismidad”… la rosa no la tiene, y tampoco parece necesitarla para ser.)
Podemos
estar de acuerdo con esto; sin embargo, ¿es por ello necesario des-acreditar la
inmediatez para hacer una experiencia
propia? No es clara la relación entre la necesidad de llevar a cabo la
destrucción de la historia de la ontología –que es uno de los pasos del método
fenomenológico- y la experiencia privilegiada –aunque sea a mero nivel óntico-
de, a través de la angustia, empuñarse a uno mismo: sólo la cura logra
des-ocultar el auténtico sentido del ser. ¿Es la angustia el único modo? Y más
todavía ¿la angustia tal y como la presenta Heidegger y ninguna otra? El ser,
el tiempo y la nada se conjugan.
Heidegger,
necesario es decirlo, re-significa lo oculto; aun así, insiste en el
ocultamiento. Está inscrito en la tradición metafísica. Ya no se trata del ser
eterno, de la sustancia, del primer motor, de Dios o de su muerte, sino del sentido que, curiosamente, carece él
mismo de sentido. El sentido es un sin-sentido.
Heidegger
no niega la inmediatez, la
pre-comprensión. Pero este “pre” lo que dice es que, en tanto posibilidad, el
Da-sein impropio es un pre-Dasein, no es lo que él mismo puede ser. El “método”
es eminentemente destructivo. La teoría está por encima del hombre cotidiano.
Vida sin angustia no es vida auténtica. Curiosamente, se puede vivir, y de
hecho sucede así mayormente, no siendo uno mismo, sin método y sin preocuparse por la pregunta que interroga por el
sentido del ser. ¿Es entonces realmente tan importante? ¿Es esa la
pre-eminencia del hombre o, más bien, sólo de algunos y sólo por instantes? La
fenomenología se reduce al instante.