lunes, 10 de noviembre de 2014

Texto de Ricardo

Comentario en torno al parágrafo 7c de Ser y tiempo
de Martin Heidegger.
Heidegger hace ontología. Ontología es fenomenología. Fenómeno es lo que se muestra por sí mismo. Ontología es el logos del ontos, el logos del ser. Logos es permitir ver.
            En tanto que se pregunta por el ser, Heidegger está inscrito en la tradición metafísica. Pero no sólo por eso. Podríamos preguntar ¿de qué se podría ocupar la metafísica si no es del ser? Así como para la tradición, también para Heidegger el ser no es una evidencia; es problema en un doble sentido: porque no se le puede definir, y porque tiene que ser des-ocultado. Es necesaria, pues, una gramática diferente a la “lógica del ente”. De otro modo, no se preocuparía por establecer que la pregunta fundamental es aquella que interroga por el sentido del ser.
            No toda pregunta interroga. Hay preguntas que ya tienen en sí la respuesta: tienen un objeto determinado. La pregunta por el ser no: digamos que se deja abierto (se deja ser) aquello por lo que se pregunta; por ello es una interrogante. Por otro lado, sin embargo, toda pregunta tiene una dirección, misma que le viene de lo buscado. Por eso, por cierto, dice Heidegger que es necesario “dirigir  la vista”. ¿Hacia dónde?
            Esta pregunta conduce a otra: ¿por qué ha de ser la experiencia inmediata devaluada? Y devaluada en dos sentidos: no darle “crédito ontológico” y tener que hacerla a un lado, ponerla entre paréntesis, suspenderla. La pre-comprensión en todo caso es aparente; la cotidianidad es aparente; la inter-comunicación (el ser-con) es aparente. La fenomenología es el método que permite “arrancarle” el ser a los entes, es una experiencia (por ello habría que preguntar si el fenomenológico es un método entendido en sentido tradicional) que posibilita “quitar el velo” de lo familiar para mostrar el mundo como realmente es: in-hóspito (Un-heimlich).
Lo que persigue Heidegger es des-fondar esta creencia milenaria de que, por necesidad, detrás del cambio, de lo puramente temporal, debe haber algo in-temporal, eterno. La confrontación con Aristóteles (obviamente no sólo con él) es patente. Digámoslo de otro modo: Heidegger persigue quitar suelo a la aparente seguridad que gana el hombre (tanto el común como el científico) con la creencia (acaso conciencia) de que todo tiene un qué y un por qué último. Frente a esto, la tesis de Silesius: “La rosa no tiene por qué, florece porque florece, no se presta atención a sí misma, no pregunta si la ven.” (Ojo con la “mismidad”… la rosa no la tiene, y tampoco parece necesitarla para ser.)
Podemos estar de acuerdo con esto; sin embargo, ¿es por ello necesario des-acreditar la inmediatez para hacer una experiencia propia? No es clara la relación entre la necesidad de llevar a cabo la destrucción de la historia de la ontología –que es uno de los pasos del método fenomenológico- y la experiencia privilegiada –aunque sea a mero nivel óntico- de, a través de la angustia, empuñarse a uno mismo: sólo la cura logra des-ocultar el auténtico sentido del ser. ¿Es la angustia el único modo? Y más todavía ¿la angustia tal y como la presenta Heidegger y ninguna otra? El ser, el tiempo y la nada se conjugan.
Heidegger, necesario es decirlo, re-significa lo oculto; aun así, insiste en el ocultamiento. Está inscrito en la tradición metafísica. Ya no se trata del ser eterno, de la sustancia, del primer motor, de Dios o de su muerte, sino del sentido que, curiosamente, carece él mismo de sentido. El sentido es un sin-sentido.

Heidegger no niega la inmediatez, la pre-comprensión. Pero este “pre” lo que dice es que, en tanto posibilidad, el Da-sein impropio es un pre-Dasein, no es lo que él mismo puede ser. El “método” es eminentemente destructivo. La teoría está por encima del hombre cotidiano. Vida sin angustia no es vida auténtica. Curiosamente, se puede vivir, y de hecho sucede así mayormente, no siendo uno mismo, sin método y sin preocuparse por la pregunta que interroga por el sentido del ser. ¿Es entonces realmente tan importante? ¿Es esa la pre-eminencia del hombre o, más bien, sólo de algunos y sólo por instantes? La fenomenología se reduce al instante. 
Texto de Nestor sobre téjne y poíesis surgido de la discusión del  parágrafo 5


La significación de un vocablo es un indicio que nos puede ayudar a acercarnos a la mentalidad del pueblo que lo utiliza. En el caso específico de los griegos, llamándolos así por una necesidad especificativa, dado el período de tiempo, la multiplicidad dialectal y el territorio en el cual se establecieron, podemos afirmar que los significados de una palabra serán siempre cambiantes dependiendo del autor al cual nos aboquemos.
            Antes de aproximarnos a este tema, debemos tomar en cuenta que muchos de los sustantivos que utilizamos de manera natural para designar conceptos abstractos específicos son derivados de verbos, neologismos construidos por un autor o palabras con un cambio semántico atestiguado en la comparación textual. De esto, tendremos dos ejemplos a continuación.
             En primer lugar, tomaré la palabra πoίησις (poíesis). Como sustantivo, ésta no aparece, o, si lo hace, es de manera aislada y extraña, en la tradición literaria anterior a Platón. Podemos inferir que es un concepto que el filósofo creó e intentó establecer a través de su continua mención en varios pasajes de distintos diálogos[1]. En su obra, esta palabra puede traducirse como “composición poética” o “arte de la poesía”[2], es decir, Platón hace de la poíesis un objeto proveniente del quehacer potencial o práctico de un poeta y, de la misma manera, aparece con él por vez primera el sustantivo ποιητής (poietés) definiéndolo como el que hace o crea poesía[3]. Dicho esto, debe aclararse que este sustantivo encuentra raíz en un verbo que es de una recurrencia continua y común en cualquier autor griego desde Homero hasta época bizantina, ποιέω (poiéo). La primera acepción del mismo es sencilla, “hacer, fabricar o producir” y podemos reconocer un concepto de empleo común en todas las culturas antiguas en su origen indoeuropeo (*kʷey-), el cual nos indica una función de preparación u orden. Así, el verbo poiéo está atestiguado en Homero para construir edificaciones, producir objetos o fabricar cosas de índole práctico[4]. De nuevo, parece ser que Platón provocó el cambio semántico en el uso de éste.
            Se reconoce esto en el siguiente pasaje en la obra platónica:
“Ὃμηρον Αχιλλέα πεποιηκέναι ἀμείνω Ὀδυσσέως[5]”.
Homero representó poéticamente a Aquiles mejor que a Odiseo.
            Ese πεποιηκέναι (pepoiekénai), forma infinitiva de perfecto activo del verbo poiéo, está indicando una función poética que anteriormente no había aparecido en la tradición literaria griega y así, en pocas palabras, Platón hace de póiesis, poietés y poiéo palabras pertenecientes a una misma familia cuyo centro significativo es la poesía.
            Junto con estos términos, nos parece relevante establecer el contexto de otra palabra muy común en los textos y la mentalidad de Grecia antigua, τέχνη (téjne). En origen, téjne hacía referencia a cualquier tipo de actividad que fuera realizada con habilidad y pericia por alguien. En Homero lo encontramos como un término que describe el trabajo metalúrgico[6] y, en muchas otras ocasiones, como la técnica depurada de un artesano llevando a cabo su oficio.
            Posteriormente, en Heródoto lo encontramos ya de manera manifiesta como la manera en la que se hace un arte, es decir, una técnica específica de creación artística[7]. Aquí es donde notamos que la tendencia de la significación del término cambió de una habilidad innata que no necesariamente fuera depurada a una técnica de creación artística que, incluso, podría ser estudiada y aprendida. Si nos acercamos a su verbo originario, τεχνάομαι (tejnáomai): “ejecutar con habilidad”, veremos que el uso del mismo únicamente es frecuente en época homérica[8] y en tiempos posteriores se limitó a dejar espacio a su correspondiente sustantivo, haciendo del verbo un derivado de este último y modificando su significación a “hacer algo artísticamente”. De la misma forma, en un momento tardío aparece el término τέχνημα (téjnema) que significa “obra de arte”, mostrando que desde su origen, el término nunca se limitó a referirse un quehacer poético, pictórico o escultórico, a diferencia del verbo poiéo y sus derivados que, únicamente basándonos en Platón, indica específicamente una creación poética.
            Finalmente y de manera breve, quiero establecer una relación entre este asunto y la mención que hace Heidegger en el parágrafo 5 de Ser y Tiempo de la palabra poesía. Si nos remitimos al original alemán, encontramos que la palabra que utiliza para nombrar poesía es Dichtung, el cual refiere un poema o una obra poética de distintos tipos, pero siempre como obra literaria. Es destacable que ese mismo vocablo aparece, muchos años después de la publicación de Ser y Tiempo, en varios tratados que escribe en torno a la poesía de Hölderlin reunidos en el tomo Erläuterungen zu Hölderlins Dichtung. Para mí, Heidegger está haciendo un guiño a su interés por el lenguaje poético en la mención de Dichtung en el parágrafo mencionado. La apertura que deja a la interpretación de su originariedad existencial me sugiere que la inquietud por la poesía ya comenzaba a aparecer en esas líneas. Y es aun más claro observar el pleno interés que este asunto cobrará en el futuro cuando vemos cómo Heidegger menciona, por ejemplo, en Hölderlin y la esencia de la poesía (Hölderlin und das Wesen der Dichtung), que la realidad de verdad del hombre es, en su fondo, poética[9] y en la poesía se recoge el hombre al fundamento y fondo de su realidad de verdad y en él llega a aquietarse[10]. Así, habiéndolo visto de manera somera, creemos que la intencionalidad de Heidegger al hacer mención de ese Dichtung es manifestar implícitamente una preponderancia de la poesía, en la manera en la que el hombre se relaciona con ésta, sobre cualquier otro lenguaje literario y, por lo tanto, también de cualquier otra expresión artística. La mención de esa palabra, si queremos relacionarla con los términos griegos antes vistos, es mucho más cercana en significado a la póiesis platónica, sin tomar en cuenta el contexto frecuentemente negativo de la misma, que a una téjne general.
           







[1] cfr. Pl.Smp.197a, Grg.449d, Sph.265b, Tht.152e, Phdr.245a y un larguísimo etcétera. 
[2] Pl.R.394c.
[3] Pl.R.597d., Lg.935e.
[4] Hom.Il.1.608, 7.435.8
[5] Pl.Hp.Mi.369c.
[6] Hom.Od.3.433,6.234
[7] Hdt.3.130
[8] Hom.Od.5.259
[9] Heidegger, M., Hölderlin y la esencia de la poesía, trad. J. D. García Bacca, Madrid, Anthropos, p.31.
[10] ibid. p. 35.