miércoles, 24 de febrero de 2016

Seminario: "Ser y tiempo, Martin Heidegger 4"
Daniela Ortega De la Madrid

Síntesis de los parágrafos 49-53[1]
§49. Delimitación del análisis existencial de la muerte frente a otras posibles interpretaciones del fenómeno.
Como se ha estado revisando desde los parágrafos anteriores, Heidegger ha planteado y descartado ciertos conceptos referidos a la muerte que no aciertan con una interpretación ontológico- existencial de ésta. Por lo que en este parágrafo propone una delimitación de un concepto que corresponda mejor al dasein y que permita dar cuenta de su esencial estar vuelto hacia la muerte.
De este modo, se empieza con una descripción fenomenológica de la muerte caracterizándola como un fenómeno de la vida (en un sentido lato), pero vida sólo es pensable con referencia al dasein. De dónde parten la investigación de las ciencias biológicas, médicas, psicológicas, etc. Sin embargo, el análisis de Heidegger es metodológicamente prioritario a los de las ciencias, pues éstas ya dan por supuesto un cierto concepto ontológico de la muerte. Asimismo, la interpretación existencial de la muerte es posible abordarse sólo desde la ontología del dasein.
Se da una distinción de tres expresiones distintos para referirnos a la muerte[2]: a) Fenecer (fallecer): un terminar de cualquier viviente (animal, hombre o vegetal). b) Dejar de vivir: es el hecho de morirse. Y c) Morir: modo de ser del dasein que sabe que va a morir, y por ello está-vuelto-hacia-su-muerte.
Al ser la esencia del dasein, la existencia, sólo puede decirse algo de la muerte en relación con la existencia misma, así es que, la muerte define un límite final, mientras el dasein está siendo siempre es su fin. La muerte en el dasein es un estar vuelto hacia el fin. El morirse es un hecho que esta de algún modo ya anticipado. Esto es, que lleva a la muerte en su propio ser, e. d., el dasein es un ser para la muerte, con lo cual no se alude a que el dasein va llegar al fin o tenga un final como lo tienen cualquier otro ente que no tiene su modo de ser, fin no implica un mero todavía no o un llegar a plenitud (como el futo que madura). Ni tampoco alude a algo externo que cae sobre la existencia. Al determinar la muerte como un fin del estar –en- el- mundo, se designa un modo de ser propio del dasein, que es un ‘ser de final’ y que la muerte es su posibilidad más cierta.
Igualmente en el análisis, se dejan de lado cualquier postura o toma de posición sobre un más allá, inmortalidad o cualquier tema que sobrepase el propósito de la investigación heideggeriana, lo que interesa es aclarar cómo la muerte se hace presente como posibilidad dentro del dasein.[3] Para ello se expondrá la estructura ontológica del estar- vuelto- hacia- el- fin desde el modo en como ese ‘fin’ se presenta en la cotidianidad.

§50. Bosquejo de la estructura ontológico-existencial de la muerte.
El fenómeno de la muerte deberá determinarse por los caracteres del cuidado si es que pertenece al ser del dasein, estructura que por su parte, se ha revelado como constitución fundamental que se define en “un anticiparse-a-sí-estando ya en (el mundo) en-medio del ente que comparece (dentro del mundo)”[4] Los caracteres del cuidado revelan el fenómeno de la muerte de la siguiente forma: en la existencia se revela la muerte como lo venidero, en la facticidad es la posibilidad más extrema y radical, y en la caída queda manifiesta una ocultación de la muerte mientras el dasein está absorto en las cosas. Existencia, facticidad y caída son constitutivos del concepto existencial de la muerte: “el morir se funda, en cuanto a su posibilidad ontológica, en el cuidado.”[5]
A lo largo del análisis, la muerte se manifiesta como la posibilidad más propia, más extrema, irrespectiva e insuperable.[6] De tal suerte que no puede entenderse como un resto pendiente (lo aún no por vivir) puesto que esto significaría que aún falta algo en el dasein, con lo que se le comprendería como un ente que está ahí y deberá completarse. En cambio, en el estar vuelto hacia la muerte como un modo de ser, la muerte está delante como algo inminente, aunque su inminencia es distinta a la de las demás cosas que puedan también serlo. Su inminencia se funda en la esencial apertura del dasein a sí mismo, y en su constante anticipación a la propia existencia, y se da como posibilidad del no poder existir más, e. d. el que la muerte sea inminente nos dice que funda una posibilidad existencial en la que está abierto a sí mismo, en el modo de anticiparse-a-sí. El dasein es remitido a su propio poder-ser y ya no referido a otros.
La muerte como posibilidad insuperable, es aquello de lo que hay que hacerse cargo cada vez, ésta no puede asumirse de una vez y para siempre, sino que al estar viviendo se le va asumiendo en cada momento. Mientras existe el dasein está arrojado a la muerte, ésta es parte de su estar- en- el- mundo. De dicha condición esencial no hay un saber teórico deliberado, la disposición afectiva de la angustia es la que lo patentiza. La angustia ante la muerte procede del fondo de la existencia, su ante-que es ante su propio ser en el mundo, por el poder-ser más propio y radical del dasein. Es apertura al hecho de que el dasein existe como un arrojado estar vuelo hacia su fin.
El estar- vuelto- hacia- el- fin no expresa una actitud ante la muerte que surja ocasionalmente, sino que se trata de algo perteneciente a la misma condición de arrojado del dasein, y es independiente del querer o no querer saber expreso de esa condición. En la caída (en el cadente estar en medio de) el dasein puede ocultarse a sí mismo su relación con la muerte, al estar absorto en los entes, huye de lo desazonante de la muerte, lo cual se da regularmente en la cotidianidad. Y como el estar vuelto hacia la muerte es un constitutivo originario del dasein es posible mostrarlo en la cotidianidad pero desde un modo impropio.

§51. El estar vuelto hacia la muerte y la cotidianidad del dasein.
¿Cómo comprende afectivamente la habladuría del uno ese estar vuelto hacia la muerte?, ¿cuál es su comportamiento al respecto?, y ¿cuál es la disposición afectiva que abre al uno en esa comprensión?
En la cotidianeidad del "uno" se nos ofrece una concepción de la muerte en la que aparentemente todos saben de la muerte, más la interpretación pública da a conocer cómo el uno ha comprendido el estar vuelto hacia la muerte. En ella, la muerte es un acontecimiento habitual, ya que todos los días alguien se muere, no hay notoriedad en ello pero sí la seguridad de que aquel aún no soy yo. Y ese alguien  que nunca es nadie en particular, es sólo un muerto.
Entonces, el hablar de la muerte se da de un modo liviano, todos mueren o más bien, “uno se muere.” Así, la muerte llegará en algún momento pero mientras tanto, es algo lejano y no amenazante. Y al convertirse en acontecimiento público, se dejar de lado su constante posibilidad e inseparabilidad, al igual que su carácter de ser insustituiblemente mía.
El uno es tranquilizador e indiferente ante la muerte, lo que apremia es ocuparse con los quehaceres de la vida, y con ello el dasein escapa de su ser propio y se pierde en el uno, encubriendo su estar vuelto hacia la muerte. En ese comportamiento cotidiano de huida del dasein cayente, la disposición afectiva de la angustia es vuelta un miedo ante la llegada de la muerte, y por lo mismo pasa por una debilidad, mientras que “lo debido, (…), es la indiferente tranquilidad ante el ‘hecho’ de que uno se muere.”[7] Aun así, en esa cotidianidad cadente el dasein atestigua que el estar vuelto hacia la muerte es determinante incluso para el uno en la modalidad de un procurarse una impasible indiferencia ante ella.
§52. El cotidiano estar- vuelto- hacia- el- fin y el concepto existencial plenario de la muerte.
A través de una interpretación integral del modo cotidiano de estar vuelto hacia la muerte se  tratará de alcanzar el concepto existencial de la muerte. De este modo, en la habladuría del uno se dice: ‘uno se muere, pero todavía no’. En este decir encubridor ya hay una suerte de reconocimiento de la muerte, pues no se duda de su certeza aunque sea una certeza ambigua que la haga más tolerable. A la facticidad del dasein le es inherente el encubrimiento (el dasein en cuanto fáctico está en la “no-verdad”)[8] Tal encubrir del estar vuelto hacia la muerte es la interpretación del uno, y es una forma inadecuada del tener por verdadero la certeza de la muerte. En otras palabras, el uno entiende a la muerte como algo que en general sucede en el mundo y a todos en algún momento, pero la certeza es de la muerte de los otros, no se acerca a una certeza propia.
La muerte vendrá, es un acontecimiento probable y ahí radica su certeza empírica pero el estar propiamente cierto queda en suspenso con el aplazamiento de la muerte, sin embargo esa indeterminación del momento de la muerte implica que la misma puede ser posible en cualquier momento.
Certeza e indeterminación son los caracteres que resultan de la interpretación del decir cotidiano del uno. Y el concepto existencial plenario de la muerte se define del modo siguiente: “la muerte, como fin del Dasein, es la posibilidad más propia, irrespectiva, cierta y como tal indeterminada e insuperable del Dasein. La muerte, como fin del Dasein, es en el estar vuelto de éste hacia su fin”.[9]
Por parte de la problemática respecto a la posibilidad del estar entero del dasein: el resto pendiente está incorporado en el dasein, en el estar vuelto hacia el fin. En tanto que el dasein está constituido esencialmente por ese estar vuelto, en su ser más propio muestra la posibilidad del estar entero del existir.
En el morir fáctico, el dasein cotidiano ya se ha decidido como estar vuelto, en el modo impropio del esquivamiento cotidiano, mas, la impropiedad está fundada en una posible propiedad.
Sin embargo ahora surgen las siguientes preguntas: ¿qué hace ontológicamente posible el óntico estar vuelto hacia la muerte de un modo propio, y cómo acceder a esta posibilidad?  

§53. Proyecto existencial de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte.
El modo propio de estar vuelto hacia la muerte queda sintetizada así: “el adelantarse le revela al dasein su perdida en el ‘uno mismo’ y lo conduce ante la posibilidad de ser sí mismo sin el apoyo primario de la solicitud ocupada, y de serlo en una libertad apasionada, libre de las ilusiones del uno, libertad fáctica, cierta de sí misma y acosada por la angustia: libertad para la muere.”[10]
La comprensión propia es ontológicamente indispensable para lograr una interpretación existencial del estar vuelto hacia su fin. Desde la caracterización del modo impropio se tratará de mostrar lo que constituye el modo de la comprensión propia, comenzando con que no puede ser al modo del uno como un encubrimiento del estar vuelto. Ese estar vuelto hacia la muerte es un estar vuelto hacia una posibilidad. Y el estar vuelto hacia una posibilidad conlleva, en el ámbito de la ocupación, a la posibilidad de ejecutar algo partiendo de los útiles, los cuales por su parte tienen un carácter de ser condición respectiva. En el caso de la muerte, no hay tal condición respectiva, ella como posibilidad es un modo de ser del dasein y no un útil. El ocuparse en realizar lo posible de la muerte significaría un suicidio, lo que acabaría con la misma posibilidad de estar vuelto hacia la muerte.
Estar vuelto tampoco consiste en pensar la muerte, calcularla o pretender esperar su realización, con ello no se rehúye la muerte pero sí su carácter de posibilidad, éste queda disminuido por la voluntad del querer disponer de la muerte calculadoramente cual si fuese un útil controlable. Y en la actitud del esperar, el dasein se fija en la concreción y realización de lo esperado, atiende el posible llegar a ser real. La proximidad de lo posible es una realización, que en el caso de la muerte al resultar un acabamiento total debe comprender como posibilidad. El estar vuelto es por ello “la máxima lejanía en cuanto a lo real.”[11]
El dasein siempre está adelantándose, el adelantarse hacia la muerte abre al dasein a la posibilidad de la existencia propia, con lo que escapa del uno. Este adelantarse pone al dasein en libertad frente a su poder ser, permitiéndole comprender y elegir en forma propia sus posibilidades fácticas haciéndose cargo de su finitud, y aislándolo sobre sí mismo, e. d., el dasein es manifestado en su singularidad al volver sobre sí mismo y no estar refiriendo su ser a los otros, con lo que no se abandonan las estructuras de la ocupación y de la solicitud, más bien , es a través de estas de donde surge la posibilidad de proyectarse a su modo de ser más propio y no ya al uno.
Con la muerte se cierra todo proyecto: “es la posibilidad de la imposibilidad de todo comportamiento hacia todo existir.[12] La certeza de la muerte se presenta al dasein en el adelantarse. No obstante, es una certeza cuya verdad no proviene de una contemplación teórica, de tal manera, no es que primero se observe que los otros mueren y de ahí se deduzca la propia muerte, ni proviene de una estadística de defunciones, su certeza pertenece a otro orden que al de las cosas ahí presentes, aquella es más originaria y radical. La muerte es siempre la mía, tener certeza de la muerte es un estar cierto del estar en el mundo, y por ende, de la posibilidad de ya no estar en él. Esa certeza tiene un carácter indeterminado en su cuándo, lo que deja siempre abierta la amenaza de la inminencia del morir, y que es patente en la angustia.
Hasta ahora se ha desarrollado la posibilidad del estar entero sólo desde una perspectiva ontológica pero no óntica, por lo que se pregunta con respecto a la posibilidad ontológica del adelantarse y su relación con el poder ser fáctico: ¿el adelantarse hacia la muerte puede ser atestiguado ónticamente por el dasein?



[1] Heidegger, Ser y Tiempo; trad. de Jorge Eduardo Rivera.
[2] Cfr. Ibíd. p. 247.
[3] Cfr. Ibíd. p. 252
[4] Cfr. Ibíd. p. 246
[5] ibídem
[6] Cfr. Ibíd. p.251
[7] Ibíd.p.255.
[8] Ibíd. p.257.
[9] Ibíd. p. 259.
[10] ibíd. p 267
[11] Ibíd. p. 262
[12] Ibídem 

No hay comentarios:

Publicar un comentario