Seminario: "Ser
y tiempo, Martin Heidegger 4"
Daniela Ortega
De la Madrid
Síntesis de los parágrafos 49-53[1]
§49.
Delimitación del análisis existencial de la muerte frente a otras posibles
interpretaciones del fenómeno.
Como se ha estado
revisando desde los parágrafos anteriores, Heidegger ha planteado y descartado
ciertos conceptos referidos a la muerte que no aciertan con una interpretación
ontológico- existencial de ésta. Por lo que en este parágrafo propone una
delimitación de un concepto que corresponda mejor al dasein y que permita dar
cuenta de su esencial estar vuelto hacia la muerte.
De este modo, se empieza
con una descripción fenomenológica de la muerte caracterizándola como un
fenómeno de la vida (en un sentido lato), pero vida sólo es pensable con referencia
al dasein. De dónde parten la investigación de las ciencias biológicas,
médicas, psicológicas, etc. Sin embargo, el análisis de Heidegger es
metodológicamente prioritario a los de las ciencias, pues éstas ya dan por
supuesto un cierto concepto ontológico de la muerte. Asimismo, la
interpretación existencial de la muerte es posible abordarse sólo desde la
ontología del dasein.
Se da una distinción de
tres expresiones distintos para referirnos a la muerte[2]: a) Fenecer
(fallecer): un terminar de cualquier viviente (animal, hombre o vegetal). b)
Dejar de vivir: es el hecho de morirse. Y c) Morir: modo de ser del dasein que sabe que va a morir, y por ello está-vuelto-hacia-su-muerte.
Al ser la esencia del
dasein, la existencia, sólo puede decirse algo de la muerte en relación con la
existencia misma, así es que, la muerte define un límite final, mientras el
dasein está siendo siempre es su fin. La muerte en el dasein es un estar vuelto hacia el fin. El morirse es un
hecho que esta de algún modo ya anticipado. Esto es, que lleva a la muerte en
su propio ser, e. d., el dasein es un ser para la muerte, con lo cual no se
alude a que el dasein va llegar al fin o tenga un final como lo tienen
cualquier otro ente que no tiene su modo de ser, fin no implica un mero todavía
no o un llegar a plenitud (como el futo que madura). Ni tampoco alude a algo
externo que cae sobre la existencia. Al determinar la muerte como un fin del
estar –en- el- mundo, se designa un modo de ser propio del dasein, que es un ‘ser de final’ y que la muerte es su
posibilidad más cierta.
Igualmente en el
análisis, se dejan de lado cualquier postura o toma de posición sobre un más allá,
inmortalidad o cualquier tema que sobrepase el propósito de la investigación heideggeriana,
lo que interesa es aclarar cómo la muerte
se hace presente como posibilidad dentro del dasein.[3] Para
ello se expondrá la estructura ontológica del estar- vuelto- hacia- el- fin desde
el modo en como ese ‘fin’ se presenta en la cotidianidad.
§50.
Bosquejo de la estructura ontológico-existencial de la muerte.
El fenómeno de la
muerte deberá determinarse por los caracteres del cuidado si es que pertenece al ser del dasein, estructura que por
su parte, se ha revelado como constitución fundamental que se define en “un
anticiparse-a-sí-estando ya en (el mundo) en-medio del ente que comparece
(dentro del mundo)”[4] Los caracteres del
cuidado revelan el fenómeno de la muerte de la siguiente forma: en la
existencia se revela la muerte como lo venidero, en la facticidad es la
posibilidad más extrema y radical, y en la caída queda manifiesta una
ocultación de la muerte mientras el dasein está absorto en las cosas. Existencia,
facticidad y caída son constitutivos del concepto existencial de la muerte: “el morir se funda, en cuanto a su
posibilidad ontológica, en el cuidado.”[5]
A lo largo del
análisis, la muerte se manifiesta como la
posibilidad más propia, más extrema, irrespectiva e insuperable.[6] De
tal suerte que no puede entenderse como un resto pendiente (lo aún no por
vivir) puesto que esto significaría que aún falta algo en el dasein, con lo que
se le comprendería como un ente que está ahí y deberá completarse. En cambio,
en el estar vuelto hacia la muerte como un modo de ser, la muerte está delante
como algo inminente, aunque su inminencia es distinta a la de las demás cosas
que puedan también serlo. Su inminencia se funda en la esencial apertura del
dasein a sí mismo, y en su constante anticipación a la propia existencia, y se
da como posibilidad del no poder existir
más, e. d. el que la muerte sea inminente nos dice que funda una
posibilidad existencial en la que está abierto a sí mismo, en el modo de anticiparse-a-sí.
El dasein es remitido a su propio poder-ser y ya no referido a otros.
La muerte como
posibilidad insuperable, es aquello de lo que hay que hacerse cargo cada vez,
ésta no puede asumirse de una vez y para siempre, sino que al estar viviendo se
le va asumiendo en cada momento. Mientras existe el dasein está arrojado a la muerte,
ésta es parte de su estar- en- el- mundo. De dicha condición esencial no hay un
saber teórico deliberado, la disposición afectiva de la angustia es la que lo
patentiza. La angustia ante la muerte procede del fondo de la existencia, su
ante-que es ante su propio ser en el mundo, por el poder-ser más propio y radical
del dasein. Es apertura al hecho de que el dasein existe como un arrojado estar
vuelo hacia su fin.
El estar- vuelto-
hacia- el- fin no expresa una actitud ante la muerte que surja ocasionalmente,
sino que se trata de algo perteneciente a la misma condición de arrojado del
dasein, y es independiente del querer o no querer saber expreso de esa
condición. En la caída (en el cadente estar en medio de) el dasein puede
ocultarse a sí mismo su relación con la muerte, al estar absorto en los entes, huye
de lo desazonante de la muerte, lo cual se da regularmente en la cotidianidad. Y
como el estar vuelto hacia la muerte es un constitutivo originario del dasein
es posible mostrarlo en la cotidianidad pero desde un modo impropio.
§51.
El estar vuelto hacia la muerte y la cotidianidad del dasein.
¿Cómo comprende
afectivamente la habladuría del uno ese estar vuelto hacia la muerte?, ¿cuál es
su comportamiento al respecto?, y ¿cuál es la disposición afectiva que abre al
uno en esa comprensión?
En la cotidianeidad del
"uno" se nos ofrece una concepción de la muerte en la que
aparentemente todos saben de la muerte, más la interpretación pública da a
conocer cómo el uno ha comprendido el estar vuelto hacia la muerte. En ella, la
muerte es un acontecimiento habitual, ya que todos los días alguien se muere, no
hay notoriedad en ello pero sí la seguridad de que aquel aún no soy yo. Y ese
alguien que nunca es nadie en
particular, es sólo un muerto.
Entonces, el hablar de
la muerte se da de un modo liviano, todos mueren o más bien, “uno se muere.” Así, la muerte llegará en
algún momento pero mientras tanto, es algo lejano y no amenazante. Y al
convertirse en acontecimiento público, se dejar de lado su constante posibilidad
e inseparabilidad, al igual que su carácter de ser insustituiblemente mía.
El uno es
tranquilizador e indiferente ante la muerte, lo que apremia es ocuparse con los
quehaceres de la vida, y con ello el dasein escapa de su ser propio y se pierde
en el uno, encubriendo su estar vuelto hacia la muerte. En ese comportamiento
cotidiano de huida del dasein cayente, la disposición afectiva de la angustia es
vuelta un miedo ante la llegada de la muerte, y por lo mismo pasa por una
debilidad, mientras que “lo debido, (…),
es la indiferente tranquilidad ante el ‘hecho’ de que uno se muere.”[7]
Aun así, en esa cotidianidad cadente el dasein atestigua que el estar
vuelto hacia la muerte es determinante incluso para el uno en la modalidad de
un procurarse una impasible indiferencia ante ella.
§52.
El cotidiano estar- vuelto- hacia- el- fin y el concepto existencial plenario
de la muerte.
A través de una interpretación
integral del modo cotidiano de estar vuelto hacia la muerte se tratará de alcanzar el concepto existencial
de la muerte. De este modo, en la habladuría del uno se dice: ‘uno se muere, pero todavía no’. En este
decir encubridor ya hay una suerte de reconocimiento de la muerte, pues no se
duda de su certeza aunque sea una certeza ambigua que la haga más tolerable. A
la facticidad del dasein le es inherente el encubrimiento (el dasein en cuanto fáctico está en la “no-verdad”)[8]
Tal encubrir del estar vuelto hacia la muerte es la interpretación del uno,
y es una forma inadecuada del tener por verdadero la certeza de la muerte. En
otras palabras, el uno entiende a la muerte como algo que en general sucede en
el mundo y a todos en algún momento, pero la certeza es de la muerte de los
otros, no se acerca a una certeza propia.
La muerte vendrá, es un
acontecimiento probable y ahí radica su certeza empírica pero el estar
propiamente cierto queda en suspenso con el aplazamiento de la muerte, sin
embargo esa indeterminación del momento de la muerte implica que la misma puede
ser posible en cualquier momento.
Certeza e
indeterminación son los caracteres que resultan de la interpretación del decir
cotidiano del uno. Y el concepto existencial plenario de la muerte se define
del modo siguiente: “la muerte, como fin del Dasein, es la posibilidad más
propia, irrespectiva, cierta y como tal indeterminada e insuperable del Dasein.
La muerte, como fin del Dasein, es en el estar vuelto de éste hacia su fin”.[9]
Por parte de la
problemática respecto a la posibilidad del estar entero del dasein: el resto
pendiente está incorporado en el dasein, en el estar vuelto hacia el fin. En
tanto que el dasein está constituido esencialmente por ese estar vuelto, en su
ser más propio muestra la posibilidad del estar entero del existir.
En el morir fáctico, el
dasein cotidiano ya se ha decidido como estar vuelto, en el modo impropio del
esquivamiento cotidiano, mas, la impropiedad está fundada en una posible propiedad.
Sin embargo ahora surgen
las siguientes preguntas: ¿qué hace ontológicamente posible el óntico estar
vuelto hacia la muerte de un modo propio, y cómo acceder a esta posibilidad?
§53.
Proyecto existencial de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte.
El modo propio de estar
vuelto hacia la muerte queda sintetizada así: “el adelantarse le revela al dasein su perdida en el ‘uno mismo’ y lo
conduce ante la posibilidad de ser sí mismo sin el apoyo primario de la
solicitud ocupada, y de serlo en una libertad apasionada, libre de las
ilusiones del uno, libertad fáctica, cierta de sí misma y acosada por la
angustia: libertad para la muere.”[10]
La comprensión propia
es ontológicamente indispensable para lograr una interpretación existencial del
estar vuelto hacia su fin. Desde la caracterización del modo impropio se
tratará de mostrar lo que constituye el modo de la comprensión propia,
comenzando con que no puede ser al modo del uno como un encubrimiento del estar
vuelto. Ese estar vuelto hacia la muerte es un estar vuelto hacia una
posibilidad. Y el estar vuelto hacia una posibilidad conlleva, en el ámbito de
la ocupación, a la posibilidad de ejecutar algo partiendo de los útiles, los
cuales por su parte tienen un carácter de ser condición respectiva. En el caso
de la muerte, no hay tal condición respectiva, ella como posibilidad es un modo
de ser del dasein y no un útil. El ocuparse en realizar lo posible de la muerte
significaría un suicidio, lo que acabaría con la misma posibilidad de estar
vuelto hacia la muerte.
Estar vuelto tampoco consiste
en pensar la muerte, calcularla o pretender esperar su realización, con ello no
se rehúye la muerte pero sí su carácter de posibilidad, éste queda disminuido
por la voluntad del querer disponer de la muerte calculadoramente cual si fuese
un útil controlable. Y en la actitud del esperar, el dasein se fija en la
concreción y realización de lo esperado, atiende el posible llegar a ser real. La
proximidad de lo posible es una realización, que en el caso de la muerte al resultar
un acabamiento total debe comprender como posibilidad. El estar vuelto es por
ello “la máxima lejanía en cuanto a lo
real.”[11]
El dasein siempre está
adelantándose, el adelantarse hacia la muerte abre al dasein a la posibilidad
de la existencia propia, con lo que escapa del uno. Este adelantarse pone al
dasein en libertad frente a su poder ser, permitiéndole comprender y elegir en
forma propia sus posibilidades fácticas haciéndose cargo de su finitud, y
aislándolo sobre sí mismo, e. d., el dasein es manifestado en su singularidad
al volver sobre sí mismo y no estar refiriendo su ser a los otros, con lo que
no se abandonan las estructuras de la ocupación y de la solicitud, más bien ,
es a través de estas de donde surge la posibilidad de proyectarse a su modo de
ser más propio y no ya al uno.
Con la muerte se cierra
todo proyecto: “es la posibilidad de la
imposibilidad de todo comportamiento hacia todo existir.”[12] La
certeza de la muerte se presenta al dasein en el adelantarse. No obstante, es
una certeza cuya verdad no proviene de una contemplación teórica, de tal
manera, no es que primero se observe que los otros mueren y de ahí se deduzca
la propia muerte, ni proviene de una estadística de defunciones, su certeza
pertenece a otro orden que al de las cosas ahí presentes, aquella es más
originaria y radical. La muerte es siempre la mía, tener certeza de la muerte
es un estar cierto del estar en el mundo, y por ende, de la posibilidad de ya
no estar en él. Esa certeza tiene un carácter indeterminado en su cuándo, lo
que deja siempre abierta la amenaza de la inminencia del morir, y que es
patente en la angustia.
Hasta ahora se ha
desarrollado la posibilidad del estar entero sólo desde una perspectiva
ontológica pero no óntica, por lo que se pregunta con respecto a la posibilidad
ontológica del adelantarse y su relación con el poder ser fáctico: ¿el
adelantarse hacia la muerte puede ser atestiguado ónticamente por el dasein?
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