Exposición §1: Necesidad de
reiterar expresamente la pregunta que interroga por el ser
Como
se mencionó la sesión pasada, el objetivo de este primer parágrafo de Ser y tiempo es reiterar la pregunta que
interroga por el sentido del ser. La necesidad radica, siguiendo a Heidegger,
en el olvido del ser (el ser se concibió, según Heidegger, como presencia) y a
causa de los tres prejuicios que impidieron que se llevara a cabo la pregunta
que interroga por su sentido.
Como
sabemos, los tres prejuicios que giran en torno al ser consisten en su universalidad, la
imposibilidad de definirlo y la aparente comprensibilidad de suyo que tiene
este concepto.
Respecto
al primero —el que refiere a la universalidad— cabe decir que es una
universalidad que no es la del género. La universalidad del género radica en
que agrupa conjunto cosas que comparten una o una serie de características. Los
géneros y especies pueden aplicarse para la definición de un ente. Sin embargo,
hay que recordar la diferencia ontológica, esto es, que el ser no es lo que se
dice un ente. De aquí que Heidegger diga, junto con Aristóteles, que la
universalidad del ser no es la del género, sino una universalidad
supragenérica, es decir, algo que trasciende la universalidad genérica.
A
pesar de que el concepto ser es un término que rebasa la universalidad del
género, Heidegger apunta que la unidad entre el término ser y el resto de los
conceptos, fue señalada por Aristóteles como la unidad de la analogía. Ahora
bien, ¿en qué consiste la unidad de la analogía?
De
manera general, primero hay que recordar que para Aristóteles “la expresión
‘algo que es’ se dice de muchas maneras”[1], con
esto Aristóteles pretende señalar, entre otras cosas, que el concepto ser tiene múltiples significaciones, es decir, que
no hay univocidad en la significación de este término, además de indicar que el
ser tampoco es una homonimia. Aristóteles matiza la polisemia del término ser
de la siguiente manera:
“‘algo que es’ se dice en muchos sentidos,
pero en todos los casos a un único principio: de unas cosas se dicen que son
por ser entidades, de otras por ser afecciones de la entidad, de otras por ser
un proceso hacia la entidad, o bien corrupciones o privaciones o cualidades o
agentes productivos o agentes generadores ya de la entidad y de aquellas cosas
que se dicen en relación con la entidad (…)”[2] El
ser se puede decir tanto de la sustancia como de los accidentes o las
categorías. Sin embargo, para Aristóteles, el sentido primario y fundamental en
que se dice ser es la sustancia. Con otras palabras, todos los posibles
significados del término ser convergen en la sustancia.
Siguiendo
a Heidegger, esta manera de pensar el ser trasladó el problema a una base nueva
respecto a la manera en que Platón lo pensó. Sin estar del todo seguro, la base
nueva se encuentra en el hecho de que Aristóteles ya no piensa al ser como un
género supremo, tal y como lo habría pensado Platón al concebir el ser del ente
como forma. Más bien, con la unidad analógica del ser, Aristóteles pretende
poner de relieve que no hay una única manera de concebir al ser, sino de
comprender su carácter polisémico y analógico.
Por
otro lado, hay que señalar que será una constate a lo largo de Ser y tiempo el diálogo que Heidegger
entabla con el concepto de sustancia.
Aunado
a la universalidad del ser, se encuentra la imposibilidad de su definición. Una
definición se ofrece apelando al género próximo y la diferencia específica. Por
ejemplo, si queremos definir al hombre, tradicionalmente decimos que es un
animal (género próximo) racional (diferencia específica). Una vez más entra en
juego no sólo la universalidad del término ser que, como se dijo anteriormente,
trasciende la del género y por lo cual no se puede ofrecer la definición del
término ser. Además, en el fondo se
encuentra la diferencia ontológica. Puesto que el ser no es lo que se dice un
ente y la manera tradicional de definir a los entes es por su género próximo y
diferencia específica, del ser no es posible ofrecer una definición.
Por
último, nos encontramos con el prejuicio de la aparente comprensibilidad del
concepto ser. Este último prejuicio menciona, a grandes rasgos, que el concepto
de ser es el más claro y por lo tanto no hay necesidad de preguntarse por
sentido de dicho término. No obstante esta comprensibilidad muestra, como dice
Heidegger, una incomprensibilidad acerca del término. Más aún, Heidegger
precisa que “Hace patente que en todo
conducirse y ser relativamente a un ente en cuanto ente hay a priori un
enigma.” Este enigma es lo que hace necesario reiterar la pregunta que
interroga por el sentido del ser.
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