sábado, 9 de mayo de 2015
jueves, 7 de mayo de 2015
Los principios de la filosofía, 1a parte. René Descartes.
Hola compañeros. Les dejo aquí la primera parte del texto de Descartes alrededor del que giró la exposición de Román, mismo al que hace referencia Heidegger en los parágrafos 19 a 21 de Ser y Tiempo.
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martes, 5 de mayo de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
Hola a todos,
les recuerdo dos cosas. El formato de los textos presentados en el seminario, tanto las presentaciones de los parágrafos como las actas realizadas, debe ser:
-Times New Roman 12 a 1.5 de interlineado
- Citas a pie de página
- Bibliografía
Por otro lado, hay que recordar que la sesión de este jueves treinta comenzará a partir de las 11:30
Hasta el jueves,
Román.
les recuerdo dos cosas. El formato de los textos presentados en el seminario, tanto las presentaciones de los parágrafos como las actas realizadas, debe ser:
-Times New Roman 12 a 1.5 de interlineado
- Citas a pie de página
- Bibliografía
Por otro lado, hay que recordar que la sesión de este jueves treinta comenzará a partir de las 11:30
Hasta el jueves,
Román.
viernes, 24 de abril de 2015
martes, 14 de abril de 2015
martes, 7 de abril de 2015
lunes, 23 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
sábado, 21 de febrero de 2015
lunes, 16 de febrero de 2015
Hola
a todos. Acá dejo dos pasajes para suscitar comentarios en torno a la
posibilidad de apertura u oclusión de la técnica para preguntar por el ser y
por nosotros mismos. Uno lo aporta Mario y el otro yo. Saludos y hasta el
jueves.
"Pero
podemos sorprendernos. ¿De qué? De la otra posibilidad. De que en todas partes
se instale la furia de la técnica, hasta que un día, a través de todo lo
técnico, la esencia de la técnica esencie en el acaecimiento propio de la
verdad"
Heidegger,
M., "La pregunta por la técnica" en, Conferencias y artículos, p. 31
(39)
"¿Es
a causa del ser que sea tan confuso, depende de la palabra que permanezca tan
vacía o de nosotros que, pese a nuestros esfuerzos y nuestro acoso al ente, no
obstante hemos caído fuera del ser? ¿Y si esto no fuese así por nuestra
intervención ni por la de nuestros antepasados más próximos y más lejanos, sino
por un acontecimiento que desde sus comienzos atraviesa la historia de
Occidente, un acontecimiento que no alcanzaron las miradas ni de todos los
historiadores juntos y que sin embargo ocurre, antiguamente, hoy y en el
futuro? ¿Sería posible eso, de que el hombre, que los pueblos, en sus más
grandes aventuras y maquinaciones, estén relacionados con el ente y, sin
embargo, se hayan caido fuera del ser hace mucho tiempo y sin saberlo, y que
ese fuera el fundamento último y más poderoso de su decadencia?
Se
trata de preguntas que no planteamos incidentalmente ni en función de
sentimentalismos o de visiones del mundo, sino que nos obligan a formular
aquella pregunta previa, surgida necesariamente de la pregunta principal: ¿qué
pasa con el ser? Tal vez se trate de una pregunta sobria, pero ciertamente
también de una pregunta inútil. Pero aún así es una pregunta, la pregunta: ¿es el
"ser" meramente una palabra de un significado evanescente o el
destino espiritual de Occidente?
Esa
Eurapa, siempre a punto de apuñalarse a sí misma en su irremediable ceguera, se
encuentra hoy en día entre la gran tenaza que forman Rusia por un lado y
Estados unidos por el otro. Desde el punto de vista metafísico, Rusia y América
son lo mismo; en ambas encontramos la desolada furia de la desenfrenada técnica
y de la excesiva organización del hombre normal. Cuando se haya conquistado
técnicamente y explotado económicamente hasta el último rincón del planeta,
cuando cualquier acontecimiento en cualquier lugar se haya vuelto accesible con
la rapidez que se desee, cuando se pueda "asistir" simultáneamente a
un atentado contra a un rey en Francia y a un concierto sinfónico en Tokio,
cuando el tiempo ya solo equivalga a velocidad, instantaneidad y simultaneidad
y el tiempo en tanto historia haya desaparecido de cualquier ex-sistencia de
todos los pueblos, cuando al boxeador se le tenga por el gran hombre de un
pueblo, cuando las cifras de millones en asambleas populares se tengan por un
triunfo.... entonces, sí, todavía entonces, como un fantasma que se proyecta
más allá de todas estas quimeras, se extenderá la pregunta: ¿para qué?, ¿hacia
dónde?, ¿y luego qué?
La
decadencia espiritual del planeta ha avanzado tanto que los pueblos están en
peligro de perder sus fuerzas intelectuales, las únicas que les permitirán ver
y apreciar tan sólo como tal esa decadencia. Esta simple constatación no tiene
nada que ver con un pesimismo cultural, aunque ciertamente tampoco con el
optimismo; porque el oscurecimiento del mundo, la huida de los dioses, la
destrucción de la Tierra, la masificación del hombre, el odio que desconfía de
cualquier acto creador y libre, han alcanzado en toda la Tierra una dimensión
tal que categorías tan pueriles como pesimismo u optimismo se han vuelto
ridículas desde hace tiempo."
Heidegger, M., Introducción a la metafísica, gedisa, p.42-43.
domingo, 15 de febrero de 2015
miércoles, 11 de febrero de 2015
domingo, 8 de febrero de 2015
Sesión del 5 de febrero
Colegas:
Adjunto en dos partes la grabación de nuestro seminario.
Les deseo una buena semana.
R
1ª parte
2ª parte
Actualización:
A continuación adjunto el acta de Mario:
Acta de Mario
R
Adjunto en dos partes la grabación de nuestro seminario.
Les deseo una buena semana.
R
1ª parte
2ª parte
Actualización:
A continuación adjunto el acta de Mario:
Acta de Mario
R
Parágrafo 10: Deslinde de la analítica del ser ahí respecto de la antropología, la psicología y la biología
§ 10 de Ser y Tiempo: Deslinde de la analítica del ser ahí respecto de
la antropología, la psicología y la biología
César Alberto Pineda Saldaña
En el parágrafo
precedente se hizo una exposición afirmativa sobre el tema que ocupa a la
analítica existenciaria del ser ahí; ahora el objetivo es hacer una exposición
negativa, es decir, mostrar aquello en lo que no consiste la analítica del ser
ahí, con lo cual ésta se deslinda de las ciencias que han tratado al ente que tiene la forma del ser ahí. Hasta qué punto
este deslinde no es superfluo, lo demuestra la recepción posterior a Ser y
Tiempo; por ejemplo, Derrida indicaría (Cfr.
“Los fines del hombre”, en Márgenes de la
filosofía) cómo en Francia predominó durante varios años una lectura
antropológica de Ser y Tiempo. Ésta no puede ser una antropología porque no
investiga qué es el hombre, no es una ciencia del hombre; antes bien, se busca
dar cuenta de la estructura ontológica en que cae este ente, que puede ser
llamado hombre, y a partir de la cual construye una interpretación cotidiana
del ser. Habrá que insistir en que hombre y Dasein
no son lo mismo.
Por otro lado, este parágrafo abre una problemática peculiar en lo
respectivo a la relación entre la ontología o filosofía y las ciencias:
Heidegger no se limita a señalar que las ciencias que tratan con el hombre lo
hagan de manera distinta a la analítica existenciaria, afirma además que tales
ciencias no lograrán lo que se proponen si persisten en ignorar el problema
filosófico del ser ahí. ¿Cómo habrían las ciencias de abordar estas cuestiones?
¿La filosofía sería un repositorio de respuestas ontológicas a partir de las
cuales se fundarían las ciencias? En este momento, como en al época del
rectorado, Heidegger parece cultivar el proyecto de una filosofía que sea guía
de las ciencias, necesariamente ciegas. Heidegger renunciaría a este proyecto
después, ¿por la incomunicabilidad entre filosofía y ciencia?, ¿por la
obstinación de la ciencia en no escuchar la guía de la filosofía?
Como hito de la antropología y la ciencia moderna, figura Descartes,
quien habría reflexionado sobre el cogito,
pero dejó sin tratar la problemática del sum,
de la existencia como tal. ¿En qué consiste existir? Éste es un problema que no
ha sido tratado. El “sujeto” de la filosofía y la ciencia moderna desconoce el
problema fenomenológico del ser ahí, el cual es tomado como cosa. A su vez, el
carácter mismo de la “cosa” ha permanecido fenomenológicamente incuestionado.
¿De dónde le viene dado el carácter de “cosa” a algo? (Como se verá más
adelante en Ser y Tiempo, el tratamiento de “cosa”, “instrumento”, sólo es
posible en el horizonte cotidiano de interpretaciones del Dasein, mismo que no ha sido cuestionado).
En el parágrafo 9 se mencionó que el ser ahí se distingue de los “entes a
la mano”, y a partir de dicha distinción se precisaba de un abordaje
teórico-conceptual distinto. Ciencias como la antropología, psicología o
biología tratan al hombre como un “ente a la mano”, buscan fijarlo y responder
“qué es el hombre". Para Heidegger, las lecturas fenomenológico-hermenéuticas
de Dilthey, Husserl y Scheler se han aproximado y han contribuido a la
analítica existenciaria. Scheler consigue desprender el análisis de la
“persona” del tratamiento de cosa, substancia o sujeto; encuentra lo propio de
la persona en la ejecución de actos intencionales. Pero, insiste Heidegger, no
queda claro cuál es el sentido ontológico de “ejecutar”.
Tradicionalmente, lo que se ha comprendido por ser del hombre viene dado
como una suma de cuerpo, alma y espíritu. Este errar del pensamiento sobre el
hombre es herencia de la antropología antigua y cristiana, determinadas
respectivamente por dos determinaciones: 1) zoon
logón echon. Pero zoon se
entiende como un “ente a la mano” más y el logos se asume como un don superior
que a pesar de todo permanece oscuro e impensado. 2) El hombre como criatura a
imagen y semejanza de Dios; ésta se apoya en la noción antigua del hombre: un
ente como cualquier otro, dotado con el plus
de ser semejante a Dios (semejanza que permanece dogmática y sin aclarar). La
empresa que subyace en ambas aproximaciones es determinar la esencia del ente
hombre, dejando olvidada la cuestión de su ser.
Finalmente, después de lo que parece un juicio sumario de las ciencias
–con todo lo apresurado que pueda implicar–, Heidegger alude a la biología, la
cual prometería dar cuenta del hombre como ser vivo. El primer problema es que
“la vida es una forma de ser peculiar, pero por esencia accesible sólo en el
‘ser ahí’”. ¿A qué se refiere esta críptica frase? Quizás, de modo análogo al
ser, que se despliega en todos los entes pero sólo es pensado por el hombre, la
vida, que se da en todos los entes vivos, es sólo pensada y captada por el
hombre; la “vida” sólo existe como definición y comprensión del ser ahí, a
partir de una determinada manera de comprender el ser en general, y por ello,
la biología es secundaria respecto al problema del ser ahí.
Heidegger hace una provocadora afirmación: “Vivir no es ni puro ‘ser ante
los ojos’, ni tampoco ‘ser ahí’”. ¿Qué es entonces? Si estamos ante algo
inusitado, un indecidible entre los entes sin más y el Dasein, ¿no debería la filosofía ocuparse con mayor detenimiento
del problema de la vida? Habría una tarea pendiente: pensar ontológicamente la
vida, fuera de todo biologicismo. Si posteriormente Heidegger insistirá que el
ser hace un llamado al hombre, ¿no es la vida uno de los medios a través de los
cuales el ser habla al hombre? Después
de todo, no hay pensar sin vida. Tal vez aún hay que pensar la vida como lugar
de acontecimiento-apropiador (Ereignis)
entre ser y hombre, sin recaer en un ciego vitalismo que reduce la vida a raza,
especie u organismo (lo que Heidegger criticaría al nazismo al final de los
años 30).
lunes, 2 de febrero de 2015
Comentario al parágrafo 9 (César)
El problema de la analítica existenciaria somos
nosotros mismos, este ente que pregunta por el sentido del ser. Tenerse a sí
mismo como problema es ya un indicio de los rasgos de este ente, que se condice
relativamente a su ser. Ningún otro ente se ocupa
de sí mismo de esta manera radical. De aquí la conocida expresión: “el ser es
lo que le va” a este ente en cada caso. Su propio ser es algo de lo cual se
ocupa, hacia lo cual se dirige, va hacia él, de modo que nunca esta
completamente acabado.
De esta condición, Heidegger deriva dos
conclusiones:
1.
La esencia de este ente es su existencia. En otras palabras,
existencia nombra el ser de este ente, ser ahí, cuyos caracteres son siempre
posibles modos de ser, contrario a los entes “a la mano”, que tienen ya, por sí
mismos, finiquitadas sus posibilidades de ser. El ser ahí está atravesado por
la posibilidad, y no sólo eso, es él mismo quien se dirige a ella y se hace
ser, es decir, va recorriendo sus posibilidades.
2.
Otra nota
peculiar del ser ahí es su radical singularidad: es en cada caso “mío”, se da a
cada quien como responsabilidad suya;
por ello es imposible tratarlo como categoría universal.
Si duda, el árbol puede llegar a ser en algún momento material para una mesa, un
librero, tema de una pintura, un poema o de este ejemplo. Pero dichas
posibilidades le vienen dadas desde fuera: el árbol no sólo permanece
indiferente a ellas, sino que ni siquiera la indiferencia (o el preocuparse) es
algo que le sea propio. No es relativamente a su ser.
El ser ahí, en cambio, es para sí mismo
su más peculiar posibilidad, por lo cual puede elegirse, encontrarse, o en
contraste, perderse y olvidarse de sí mismo. A esto aludirán las expresiones polémicas
(después aparentemente abandonadas por Heidegger) de modo “auténtico” e
“inauténtico”. La cuestión sería, fuera de todo “moralismo existencialista” que
en el modo inauténtico nos olvidamos de la propia posibilidad que atraviesa
nuestro ser, lo cual implica acercarse cada vez más al modo en que son los
“entes a la mano”.
Debida estas peculiaridades (casi
podría decirse anómalas con respecto a cualquier otro ente) del ser ahí, éste
no puede ser estudiado como un “ente a la mano”, no basta categorizarlo,
encontrar las leyes que lo determinan; hay que dar cuenta de la manera
“inmediata” en que este ente se dirige a sí mismo con respecto a sus
posibilidades, esto es, hay que dar cuenta de su “cotidianidad de término
medio”.
Esta cotidianidad, en su aparente
cercanía y transparencia, es de lo más complicado, tanto que ha permanecido
irresuelto en la historia del pensamiento; sería más fácil describir el
comportamiento y las leyes que regulan a la estrella más lejana. Esta cercanía,
la más próxima, es lo más problemático. ¿Qué
es más cercano a mi que yo mismo?, pregunta San Agustín, me he vuelto para mí mismo una tierra de
dificultades y sudor inmenso.. Esta meditación de Agustín es uno de los más
radicales ejemplos, en las Confesiones,
del ocuparse reflexivamente de sí mismo. Esta problemática recuerda el
fragmento (45) de Heráclito: jamás podrás encontrar los límites del alma, aún
cuando recorras todos los caminos. Inclusive en la más absorta cotidianidad
inauténtica, le va al ser ahí, de algún modo su ser.
Si el ser ahí no es como cualquier otro
“ente a la mano” que pueda ser descrito con categorías, leyes y axiomas (como
la estrella más lejana y el átomo de oxígeno que resiramos), ha menester de
otro acercamiento teorético: los “existenciarios” (trad. De José Gaos), que dan
cuenta de las estructuras de la existenciariedad; en contraste con las
“categorías” que apresan las determinaciones apriorísticas de los entes que no
tienen la forma del ser ahí. Un ente es un quién
(existenciarios) o un qué (categorías).
Por esto, la analítica existenciaria debe distinguirse de las ciencias que
tratan de algún modo con el hombre: psicología, antropología, etc. (tema del
§10), mismas que ponen la vista en alguna categorización del hombre.
Heidegger indica que la urgencia de esta
tarea, la analítica existenciaria que pone de relieve los existenciarios del
ser ahí, es “a penas menor” que la pregunta por el sentido del ser en general.
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